Día Mundial del Reciclaje 2021

CDMX 17 de mayo del 2021.-Cuando la naturaleza gime acorralada por la desertificación de sus suelos, la contaminación de sus océanos, ríos y lagos; la toxicidad de su atmósfera, la devastación de sus reservorios de biodiversidad, entre otras tragedias, necesario es decir ¡basta! y, urgente, poner un alto a nuestros insostenibles hábitos de consumo y a la inadecuada disposición final de los residuos.

Es conveniente también conocer los reportes de Global Footprint Network (GFP), una organización internacional sin ánimo de lucro que en 2003 creó un peculiar calendario útil y movible, según el país, con el objetivo de recordarnos que los recursos del planeta son finitos y que ahora mismo debemos asumir con responsabilidad el reducir nuestra huella de carbono.

¿La razón? El 27 de mayo de 2020 ese almanaque marcaba el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra (Earth Overshoot Day) porque la humanidad había consumido los recursos de los que disponía para todo el año.

El cálculo de la sobrecapacidad terrestre es una proyección teórica que se realiza a partir de dos indicadores: la biocapacidad o capacidad que tienen los ecosistemas para renovarse por sí mismos, y la huella ecológica, que mide la superficie de tierras y mares biológicamente productivos necesaria para producir todos los recursos que consume una población y absorber sus residuos.

Derrochamos con tal desparpajo los recursos naturales que para mayo del año pasado, aun con la pandemia de COVID-19 conteniendo a las personas en sus hogares sin el consumismo que representan las diversiones y los desplazamientos en automotores, entre otras actividades, hacían falta 1,7 planetas para satisfacer la voraz demanda de recursos naturales para el resto del año.

Con el rostro sudoroso por el agobiante calor de esta primavera, en medio de una sequía que mantiene sedientas las parcelas y los cuerpos de agua evaporándose exhaustos por la alta radiación solar, podemos preguntarnos si hay algo que hacer para detener la carrera suicida por la que parece precipitarse la humanidad entera.

En 2005, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) proclamó el 17 de mayo como Día Internacional del Reciclaje con el fin de generar conciencia y promover el reciclaje de todo tipo de residuos, reducir los volúmenes de desechos generados y reutilizar los materiales para así minimizar nuestra huella de carbono que es consecuencia de un consumismo desenfrenado.

Greenpeace fue la organización no gubernamental que popularizó la regla de las tres R: reducereutiliza y recicla, para conseguir un modelo de consumo sostenible, al considerar que si bien “el consumo de productos y servicios es un hecho normal en cualquier sociedad, el problema surge cuando dicho consumo excede ciertos umbrales y se transforma en consumismo, que tiene como consecuencias la degradación ambiental y, para los habitantes de países de economías desfavorecidas, el difícil acceso a los bienes de consumo.

“Esa degradación de los ecosistemas y la sobreexplotación de los recursos naturales no sólo afecta a zonas puntuales localizadas en un mapa geográfico (como ocurría en el pasado), sino a todo el planeta”, señala la ONG.

El reciclaje impacta positivamente en la economía porque representa creación de empleos que a su vez generan bienestar, evita la generación de toneladas de basura, al ser infinita la cantidad de residuos reciclables: agua, latas y botellas de plástico, vidrio o metal; papel y cartón, pilas, partes de aparatos electrónicos, ropa, productos compostables como hojarasca, residuos de alimentos, muebles de madera y otras materias vegetales, entre muchos más.

A la R del reciclar se agrega la R de reducir, que significa minimizar los volúmenes de basura, y una tercera R, de reutilizar, porque muchos de los desechos que arrojamos a los contenedores o enviamos a confinamientos autorizados o clandestinos, pueden ser reutilizados, como lo es, por ejemplo, la composta que se elabora con los residuos de alimentos tanto a escala doméstica como industrial.

A las tres R les sucedió la “regla de las seis erres”, que incluye las tres primeras y otras tres: repensarreestructurar y redistribuir, para quedar así:

Repensar nuestro modo de vida, nuestras necesidades básicas, para diferenciarlas de las prescindibles. Reestructurar el sistema económico para que, en lugar de producir bienes superfluos, se concentre en la satisfacción de las necesidades de todos. Incluir los costes sociales y ambientales en el precio final de los bienes de consumo. Reducir el consumo excesivo. Reutilizar, es decir, alargar desde su diseño hasta su uso la vida útil de los materiales. Reciclar para reincorporar al ciclo los materiales una vez finalizada su vida útil. Redistribuir, porque todos tenemos derecho a proporciones equitativas de recursos, y el planeta tiene la capacidad de satisfacernos.

Reflexionemos sobre el consumo doméstico que hacemos de la energía, del agua, de productos tóxicos, y acerca también de los residuos que generamos, ya que podemos estar contribuyendo a la destrucción de nuestros suelos, bosques, selvas, humedales, ríos, océanos y a la pérdida de nuestra biodiversidad.

Minimicemos nuestro consumo y evitemos los materiales tóxicos para contribuir a la conservación de los recursos naturales, y a generar menos contaminación y basura. Sin duda obtendremos una mejor calidad de vida.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *